Este post ha aparecido previamente en Ssociólogos, un blog dedicado al fomento de la sociología, el análisis y el pensamiento crítico, en el que colaboro de manera irregular.
Una de las obras que más impacto han tenido en lo que se refiere a la sociología de la innovación y en la difusión social que tiene este fenómeno, es la obra conocida como “The Diffusion of Innovations”.
Este libro escrito por Everett Rogers en 1962, constituyó también, uno de los primeros estudios amplios para conocer cómo penetran las innovaciones en la sociedad y cómo es socialmente comunicada, aceptada y adoptada.
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El desempleo tecnológico no es un problema nuevo, sino que ha existido a lo largo de los diversos periodos de industrialización. Pero el salto cualitativo en la automatización de los procesos, que se va a producir en las sociedades post-industrializadas, puede cambiarlo todo.
Telefonista. Imagen extraída de Wikipedia
La historia de la innovación está repleta de cambios abruptos y convulsos que benefician a muchos y perjudican a unos pocos. Normalmente la sociedad en su conjunto suele aceptar y apropiarse de las innovaciones tecnológicas, ya que a largo plazo generan más empleo del que destruyen a corto plazo. La historia de la industrialización está plagada de episodios de este tipo, en el que los oficios son sustituidos por trabajadores especializados. Un proceso que se conoce como “deskilling” y que está ejemplificado a lo largo de la historia, por colectivos como los escribanos (la imprenta los volvió obsoletos), los cocheros (por la introducción del automóvil), o el de telefonista(con la automatización de las centralitas).
Pero este proceso clásico que está asociado a la dinámica del cambio tecnológico, parece haber llegado a un punto de no retorno. De hecho, la discusión que se plantea para con la nueva revolución tecnológica que vamos a vivir en los próximos años, se basa en que la automatización y la digitalización, puede que modifiquen para siempre la configuración ocupacional de nuestras sociedades.
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Con la popularización de la web y de las redes sociales virtuales, el debate en torno al derecho a la privacidad y a la intimidad cobra más importancia, debido a la exposición continua de los datos de sus usuarios y el uso empresarial que se hace de ellos. A pesar de que este debate es necesario e importante, conviene comprender también el contexto en el que nace y observar si continúa siendo válido.
Foto extraída de la cuenta de Nicolas Venturelli en Flickr
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Las anteriores brechas digitales se han caracterizado por la privación del acceso a las tecnologías digitales y por la necesidad de fomentar una alfabetización digital de los ciudadanos, con el objetivo de fomentar la participación e inclusión de la sociedad en la esfera digital. La nueva brecha viene condicionada por el acceso a los datos, pero también por la necesidad de promover una conciencia en la sociedad en torno a la comprensión e implicaciones de su uso, su gestión y su reutilización por terceros.
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En el actual escenario de crisis económica y transformación de multitud de sectores e industrias, el abandono de una economía basada en la utilización de combustibles fósiles, por una que priorice el uso de energías renovables, supone en toda regla un cambio de paradigma. La caída del precio del crudo y otros factores geopolíticos acaecidos durante el año 2015, nos llevan a pensar que este año ha supuesto verdaderamente un punto de inflexión en esta transición.
"Comprar libros estaría genial, si además pudieras comprar el tiempo que necesitas para leerlos... Pero como regla general, la compra de libros se confunde a menudo con la simple adquisición de sus contenidos" Arthur Schopenhauer. ---Es una gran verdad, encerrada en muy pocas palabras y que nos dice más de lo que podemos observar. Para mí, la cultura es lo único que nos hace más humanos y previene a los que somos más humanos, de dejarnos engullir por los inhumanos que creen que el dinero lo puede comprar todo en la vida.---