Vivimos en un mundo en el que hemos experimentado la popularización de nuevas tecnologías que mediatizan diversos aspectos de la sociedad sin ni siquiera plantearnos cuáles son sus consecuencias y efectos. Es hora de que desarrollemos una ética y un sentido de la responsabilidad en la industria a la altura de tales innovaciones.
Las Navidades son un tiempo entrañable en el cuál sueles tener tiempo para dedicar a alguna lectura pendiente o alguna película que te han recomendado. En mi caso, quería ponerme al día con la tercera temporada de “Black Mirror”. La serie sigue preguntándose por algunas de las inesperadas consecuencias de la popularización de determinadas tecnologías en la sociedad y, sobre todo, por los posibles usos no deseados de estos medios, en forma de sociedad distópica.
Esta última temporada cierra con un capítulo más largo de lo habitual (sobre una hora y media) y también con una historia más redonda, ya que introduce varias tecnologías disruptivas en el argumento, diversos retos sociales y medioambientales, y una serie de crímenes sin resolver que tendrán un final más que sorprendente.





















